miércoles, 7 de diciembre de 2016

Versión Original 16. Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías


De Bolsillo, 2007


         Rescato del olvido esta reseña porque el libro me ha parecido singularmente bueno. Se que Marías posee apasionados seguidores tanto como críticos y detractores, pero fue mi experiencia inicial con su universo literario y guarda mis primeras impresiones una vez concluida su lectura, hace más de seis años atrás. Además, ha sido el responsable de haberme hecho de unos cuantos títulos de su autoría.


            El título figuraba en una enorme lista que un colega docente ofrecía a sus alumnos con motivo de una lectura obligatoria que los mismos debían realizar para así concluir sus estudios y, entre otras tareas, promover la asignatura. Cuando le pregunté al docente cuál de esos libros me sugeriría leer, inmediatamente me citó el de Javier Marías. Después de adquirirlo, durmió el sueño de los justos y compuso parte del tótem de lecturas pendientes. Fue en una reunión de fines de año -2009-que el título volvió a salir a la luz y ahí decidí llevármelo de vacaciones.

            Esta novela cuenta en primera persona la historia de un hombre que es invitado a cenar en casa de una mujer a la que apenas conoce, en ausencia de su marido, con la única compañía de un niño de dos años. El desvelo del infante retarda el encuentro sexual de la pareja que, en el instante de iniciar la consumación, la mujer repentinamente se indispone y muere.

            A partir de este trágico suceso, el protagonista se ve envuelto en una situación compleja, pues el niño queda solo, desvalido y con su padre en el exterior. Esto aumenta su sentimiento de culpa y remordimiento por abandonar el lugar en medio de la noche en esa circunstancia, con el paso de los días.

            La trama, ambientada en Madrid y bien narrada, que refleja el sentir del personaje principal a través de elucubraciones, pensamientos y acciones en pos de saber qué ocurrió después de su salida, es lo sobresaliente de la novela.

              Basada en la frase “mañana en la batalla piensa en mi, cuando fui mortal; y caiga tu espada sin filo: desespera y muere”, tomada de “Ricardo III”, de Shakespeare, Marías construye un universo narrativo lleno de reflexiones mientras se desarrolla la historia, pero ésta no constituye el elemento principal sino que acompaña a aquellas en un ir y venir recíproco. La necesidad de saber cómo se resuelve esa muerte a nivel familiar lleva al protagonista a entrar en contacto directo con los deudos más cercanos, lo que deviene en una serie de sucesos con un fin insospechado.

            El autor se ayuda de frases cortas con contenido pleno de significado, haciendo que su relato se vuelva un tanto denso. Además, utiliza el término haunted (encantado) para describir cómo se siente su personaje; esa sensación de “ensoñación”, de ser visitado por fantasmas durante las noches, o en sueños, de la más pura tradición inglesa.

              La novela está signada por “la negra espalda del tiempo” –otra frase del bardo inglés y título de otra novela del autor- con la que Marías da a entender todo aquello que se frustra o se malogra, lo irreversible y lo incumplido, lo que retorna y lo que se pierde, como si todo diera lo mismo. Todas esas cosas que dejan de tener sentido cuando la muerte se hace presente. Ese presente que se vuelve difuso al entrar en el olvido.

            También se entrelaza la propia historia del protagonista con su última pareja que, en una digresión en medio del texto, es incluida para definir más psicológicamente el rol principal y tiende a fortalecer el carácter de ensueño de lo que se narra. Una forma original de exponer el mito del “eterno retorno”.

                 Por último, no escapa a la historia la meticulosa observación del autor del entorno social y cultural del Madrid posfranquista, que añade condimento con su análisis de clase y su exposición ácida y socarrona de figuras que ya pertenecen al pasado, así como también exhibe fidedignamente la realidad del quehacer literario de aquellos que son “negros” –personas que escriben para otros, sin firma-. Quizás el desenlace de la historia se vuelva poco creíble, pero las meditaciones acerca de lo ínfimo que cualquier individuo deja en la memoria colectiva de los demás en su paso por esta vida es muy interesante.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Pulsiones. Butes, Pascal Quignard


Sexto piso, 2012

I.

            Según Apolonio de Rodas, fue el plectro de la cítara de Orfeo ejecutada sobre la nave Argos el que impidió que los remeros escucharan con nitidez el canto de unas aves raras, con cara y pechos de mujer, llamadas sirenas, y se volvieran locos. ¡Semejante ruido debe haber metido Orfeo para cubrir ese llamado! Algo similar nos cuenta Homero sobre Odiseo, que obstruyó con cera los oídos de sus compañeros y pidió que lo ataran firmemente al mástil principal de la nave para poder deleitarse con la melodía. El único que sucumbió al hechizo del canto fue Butes, uno de los remeros de los Argonautas, que abandonó su posición y se arrojó al agua, pereciendo.

II.

            ¿Qué hay en esa música emitida por las sirenas, que nos subyuga, atrapa y enloquece? Según Quignard, existe una melodía ancestral, previa a la aparición del lenguaje y de los distintos idiomas del mundo, asociada a cada alma humana, al núcleo de la vida nonata –la que puede escuchar el feto dentro del vientre de la madre-, capaz de enajenarnos porque su poder estriba en ser parte del instinto animal, algo forjado antes que nuestro ser social.

III.

            Butes encarna así a aquel que renuncia a la sociedad del lenguaje para ir detrás de una quimera, aún a costa de perder la vida. Dejarse cautivar por la esencia animal del hombre es elegir vivir como un salvaje aunque sólo sea un instante, renegando a una vida mesurada cuyo destino es la lenta muerte, aceptada por las formas sociales. En ese aspecto, la alegoría del canto de sirena se vincula estrechamente con nuestras pulsiones instintivas.

IV.

            El estilo narrativo elegido por Quignard es de pocas palabras, con frases y párrafos relativamente cortos, elaborados para permitir la reflexión acerca de cuán presentes se hallan estas pulsiones en nuestra vida cotidiana. Por otra parte, no deja de cuestionar que la disidencia a los cánones establecidos por la sociedad de consumo en la que nos movemos forma parte del mismo sistema, que se renueva y nutre con ella.

V.

            Coloquial y profundo, leer a Quignard siempre es un deleite. Deja mucha sustancia sobre la que meditar; en este caso, enfocado en la convivencia diaria de nuestra naturaleza animal y la racionalidad que nos permite vivir en sociedad. Un libro breve, interesante y sustancioso.

domingo, 27 de noviembre de 2016

e-book 13. Musical Box. Instrumental, James Rhodes


Blackie Books, 2015

I. Contenido

            Material autobiográfico de Rhodes, quien nos relata no sólo su violación sistemáticamente perpetrada por su profesor de boxeo a la edad de seis años, durante un período que abarca hasta los diez, sino las consecuencias de tamaña vejación, arrastrada a lo largo del resto de su vida: depresiones, adicción a drogas y alcohol, sentimientos de culpabilidad y vergüenza, internaciones varias, incapacidad de sostener relaciones valederas, etc. Si pudo dejar atrás gran parte de esta historia se debe a su amor por la música y el piano, instrumento del que se ha vuelto un reconocido concertista en el Reino Unido.

II. Estilo narrativo

            Rhodes no escatima en señalar los hechos que hicieron que su vida fuese lo más parecido a un infierno, pero no se regodea en los pormenores morbosos -de los que aleja con buen gusto y sentido común a sus lectores- y si bien su estilo es directo y frontal, no abunda en insultos ni descarga su ira por lo acontecido –aún sabiendo que tiene pleno derecho a hacer uso de ello-. Por lo contrario, se inclina en exponer su sentir y los por qué de la toma de decisiones, sus desórdenes, sus fracasos y su esperanza puesta en salir del pozo anímico al que suele volver. Así, la obra, aunque totalmente autorreferencial, se convierte en una denuncia formal de los abusos sexuales y resulta un testimonio valioso de quien intenta superar con éxito sus secuelas.

III. Aciertos

            Los veinte capítulos que el autor destinó a relatar su historia comienzan con una propuesta de música clásica, en las que alterna explicaciones técnicas con jugosas anécdotas de los compositores, llamadas a despertar la curiosidad del lector sobre las obras seleccionadas. Muchas de ellas son bastante conocidas para el melómano; a otras, Rhodes las rescata del olvido. Por otra parte, realiza una fuerte crítica al negocio discográfico del que se queja por su falta de presupuesto para el género clásico, la estrechez de miras de sus ejecutivos y de la pacatería y acartonamiento del público que participa en los conciertos, al que tilda de elitista y engreído. A cambio, opone una visión novedosa y personal, donde músicos y gran público puedan interactuar más libremente, sin estereotipos ni limitaciones.

IV. Reparos

            Si bien Rhodes intenta mantener la objetividad tanto en su exposición como en sus ideas sobre la música, al lector más suspicaz no se le escapa un cierto tufillo a autopromoción –que aumente ventas y posibilidades-, una autocompasión moderada –entendible por lo padecido y el dolor que supone recordar los propios sufrimientos- y una serie de tonos de expresión que hacen que el texto se asemeje a un libro de autoayuda.

V. Consideraciones personales

              Empatizo con Rhodes en lo que se refiere a lo ocurrido. Ser sometido a violaciones a lo largo de cinco años debe ser tan determinante en la vida de un ser humano, que hasta él mismo se da cuenta que es un milagro que haya sobrevivido. Hay una entrevista muy interesante aparecida en el diario local La Nación el 8 de febrero pasado –presente en la fotografía de aquí debajo- donde explica que lo peor de la pedofilia es no poder contárselo a nadie.

El citado artículo y la versión de Epub Libre

                  Respecto de su pasión por la música clásica y por las obras para piano –que también compartimos- podemos disentir amigablemente, respetando nuestras preferencias musicales en cuanto a directores, concertistas y orquestas. Pero no dejo pasar la ocasión para reconocer mi deuda con Rhodes sobre los conciertos para piano de Shostakovich y el de Scriabin, tanto como los tríos para piano de Schubert y Ravel que, si no hubieran sido citados en su libro jamás los hubiera descubierto y disfrutado.

              El resto, es una colección de escenas de fortalezas y debilidades que contiene un claro mensaje esperanzador: se puede salir de semejante dolor con la ayuda adecuada, coraje personal y una gran dosis de amor. Un libro distinto, que sirve de advertencia a la vez que transmite mucha confianza y esperanza.

martes, 22 de noviembre de 2016

Querer volver y no saber. Memoria de elefante, Antonio Lobo Antunes


Debolsillo, 2007

I.

          Un psiquiatra de hospital intenta encontrarse a sí mismo, después de abandonar el hogar conyugal -esposa y un par de niñas incluidas- sin tener claro por qué. Desencantado de su profesión, deambula por Lisboa con su angustia a cuestas, sin rumbo ni expectativas de un futuro mejor. Mientras recobra la identidad perdida –o se establece una nueva-, repasa momentos claves de su historia: su deseo frustrado de convertirse en escritor, su participación en la guerra de Angola, sus luchas contra los mandatos familiares, su noviazgo y matrimonio, el amor por sus hijas…

II.

          Utilizando primera y tercera persona del singular, el narrador y protagonista desgrana una serie de reflexiones basadas en escenas de su pasado, en medio de una atmósfera íntima y nostálgica, con maravillosas descripciones tanto de la marina ciudad de Lisboa y sus gentes como de los estados de ánimo, propios y ajenos. Así, Lobo Antunes construye un conmovedor relato de aquel que ha perdido la brújula, con irrefrenables deseos de volver y no saber cómo. O no contar con el suficiente coraje para enfrentar el propio fracaso. ¿Cómo explicarles a las niñas su necesidad de irse, a la hora de regresar?, ¿acaso es posible volver a cumplir el viejo rol establecido, tras una larga ausencia? Por otro lado, ¿se puede renegar de una profesión después de años de ejercicio para ir detrás de una quimera, o correr el albur de iniciarse en otra actividad más grata y afín, dejando de lado las responsabilidades que implica tener una familia detrás?

III.

            El libro es una combinación de miedos, sufrimientos y una dosis grande de soledad de quien parece haber llegado siempre a destiempo, de manera que todo aquello que le era significativo ahora le resulta ajeno y no encuentra un nuevo lugar para sí. Sólo resta volver atrás los relojes, puesto que su vida se ha convertido únicamente en pasado.

IV.

            Destaco la prosa excelsa, los recursos estilísticos y la estructura polifónica de la novela. Coloquial aunque profundo, aborda una variedad de temas personales, sujetos de sendas meditaciones. En lo personal, ha sido una formidable experiencia de iniciación en la literatura de Lobo Antunes. Agradezco a Marisa Amaro su recomendación; espero haberla multiplicado con estas líneas.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Sobreviviendo a Stalin. El ruido del tiempo, Julian Barnes


Anagrama, 2016

             Es vox populi mi pasión tanto por la literatura como por la música clásica. En base a ello, no podía dejar pasar un texto que combinara ambas artes. Por otra parte, mantengo un cierto aprecio personal por Julian Barnes, uno de los primeros autores ingleses contemporáneos que tuve la dicha de disfrutar al inclinarme hacia las letras. Por eso encaré este libro con cierta expectativa.

          Ésta es una novela basada en ciertos hechos de la vida de ese gran compositor ruso del siglo XX llamado Dmitri Shostakóvich quien, a pesar del aliento occidental para que desertara del bloque soviético, sostuvo su pertenencia a él, aún sin identificarse con el poder absoluto ejercido por Stalin, ni siquiera a la muerte de éste.

            Barnes sitúa el inicio de su novela con el libelo aparecido en el diario Pravda de Moscú, dos días después de la representación de la aclamada ópera del músico, Lady Macbeth de Mtsensk –basada en la nouvelle homónima de Nikolai Leskov- a fines de enero de 1936. En esa ‘Bulla en vez de música’ había una declaración de desprecio por el autor, signado como desviacionista, formalista y decadente, todas cualidades negativas que podían significar no sólo la deportación a Siberia sino también la muerte. Tal era la visión del propio compositor, que solía esperar su detención inmediata todas las noches en el rellano de la escalera del quinto piso donde vivía, para no tener que incomodar y avergonzar a su familia, o bien acostarse vestido junto a su esposa, siempre cerca de su maletín de mano conteniendo algunos efectos personales, por si fuera trasladado a un penal.

         El autor no omite en ningún momento la debilidad de carácter de Shostakóvich y su propensión a la sumisión al poder del Politburó soviético; de hecho, lo tilda lisamente de cobarde en varias escenas, a diferencia de Ajmátova o Mandelstam, que la pasaron realmente mal por sostener sus opiniones disidentes.

               Pero, ¿cómo se puede sobrevivir ante el totalitarismo del PC ruso en pleno apogeo, sin abandonar las fronteras, siendo un artista mundialmente reconocido?, ¿cómo alzar la voz sin involucrar a la familia y los amigos –que quizás estuvieran condenados a correr con la misma suerte-? En este aspecto, Barnes humaniza a su personaje principal, al que no le importó leer discursos escritos por otros como si fuesen propios, ni tener que afiliarse al Partido por imperio de la fuerza, en salvaguarda de su arte y de la vida de los suyos.

            Con una prosa fluida y poniendo el foco en el debate moral que el protagonista libra en su interior, Barnes reconstruye parte de la vida de un controvertido personaje que no sólo adaptó su arte a la estética oficial sino que renunció a su dignidad y a sus ambiciones artísticas para lograr sobrevivir en tiempos en que ningún opositor quedaba en pie. Tampoco escapan al autor los remordimientos sobre el miedo y la culpa que deben haber rondado en el resto de su existencia.

              Por momentos conmovedora y siempre tensa, la novela aborda problemas de conciencia vinculados a la dignidad, los principios que rigen nuestras vidas y el costo de sostenerlos con coherencia e hidalguía.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Nociones de fundamentalismo talibán. Las golondrinas de Kabul, Yasmina Khadra


Alianza, 2009

             Rescaté el título de la blogosfera hace ya varios años. Lo conseguí al poco de apuntarlo pero entre otras propuestas lo fui dejando, quizá porque en ese momento no me apetecía enfrentarme a una guerra odiosa como la de Afganistán. Al final, decidí encararlo debido a la prosa ágil del autor y a la relativa brevedad del texto.

            Dos historias se entrelazan en las cercanías de Kabul. La de Atiq Shaukat, un custodio de la cárcel de mujeres, y su enferma esposa Musarat, con la de un desposeído por la guerra, Mohsen Ramat, y su bella esposa Zunaira, una pionera en defender los derechos de las mujeres bajo el Islam.

          Ante la lapidación pública de una adúltera, ambos protagonistas toman posiciones hasta ese instante impensadas. Es que ni Atiq desea abandonar a su esposa -aunque así se lo sugieren los conocidos- ni Mohsen jamás había levantado una mísera piedra para repudiar a una mujer. Pero la excitación de la masa ululante despierta los más bajos instintos. Hay una suerte de histeria colectiva en ese apedreo que es imposible soslayar. A partir de allí y de una serie de acontecimientos poco afortunados, cada personaje seguirá un derrotero hacia la pérdida de la dignidad humana y la degradación más abyecta.

            Es que en medio de una guerra que parece no tener fin, con los talibanes haciendo cumplir la ley del Corán –oír el sermón del mulá, llevar la obligatoria burka para las mujeres, etc.- y la miseria golpeando la puerta, la vida cotidiana se vuelve un infierno sin esperanza de cambio. Para colmo, el fanatismo religioso, con su cuota de represión y violencia, distorsiona las relaciones de los núcleos más básicos de la sociedad afgana: la familia y los amigos.

             El libro es una suma de nociones elementales de fundamentalismo talibán, un sistema de dominación social basado en la ignorancia, que encuentra en la liturgia religiosa el cauce adecuado para someter a los ciudadanos y suprimir cualquier voz disidente. Con el género femenino restringido a la procreación y a la satisfacción sexual de los varones, sin chances de oposición ni resistencia –porque los talibanes son los portadores de la Verdad absoluta-, la gente común se debate en una supervivencia extrema, aguardando que soplen nuevos vientos.

              Con una prosa exquisita, amena y coloquial; personajes secundarios bien delineados, que refuerzan la narración principal, escenas conmovedoras y una historia que finaliza con algo de thriller de suspense, Khadra refleja en menos de dos cientos de páginas todo el horror de la guerra y la irracionalidad del integrismo islámico. Un libro que tiene mucho de testimonio de época.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Anécdotas de prostíbulo. La pensión Eva, Andrea Camilleri



Salamandra, 2008

            Lo rescaté de un comentario en la blogosfera. No suelo leer policiales, y Camilleri ha sido a lo largo de su trayectoria literaria un egregio representante del género. Pero en esta ocasión, el maestro siciliano se alejó de sus habituales derroteros para delinear una novela de iniciación que transcurre en Vigàta, la ciudad imaginaria de las aventuras del comisario Montalbano, a fines de los años ’30 de siglo pasado, en plena efervescencia fascista.

            Aquí se dan cita un grupo de adolescentes, Nenè, Ciccio y Jacolino, que intentan descubrir qué ocurre en el interior de esa pensión misteriosa de nombre sugerente y persianas siempre cerradas, mientras sueñan con alcanzar la edad suficiente para acceder a sus beneficios.

            Pero una vez logrado el objetivo, los protagonistas se envuelven en las historias de sus habitantes, algunas de ellas difíciles de olvidar. Para colmo, la guerra va cobrando importancia a medida que sus estragos se hacen sentir por doquier y la sensación de miedo se vuelve perenne; junto al consiguiente desabastecimiento del que va siendo víctima el pueblo insular, sólo resta la ocupación y el desenlace. Pero ello fortalece los sentimientos de amor y amistad a la vez que refleja el sentido de pertenencia de sus personajes a esa tierra ahora desolada.

             Con estilo ameno y coloquial, Camilleri compone una obra no exenta de escenas divertidas y otras conmovedoras, en la que aúna los misterios de la iniciación sexual y fragua una sana camaradería juvenil, sin eludir las miserias que apareja la guerra en medio de un trasfondo provinciano, presa de su habitual y moroso costumbrismo cotidiano.

              Por lo demás, es una novela que destila humanidad, reparte alegrías y sinsabores por igual, con anécdotas de prostíbulo –algunas de ellas, memorables- que deleitan al lector dejando un cierto sabor dulce al concluir la lectura. Algo distinto a lo que Camilleri suele entregar.