martes, 19 de septiembre de 2017

Escenas desde el frente. Caballería roja, Isaak E. Bábel


RBA, 1995

I.

            Con ocasión de este Año Ruso, desde el arcón de los recuerdos saco a relucir este título que compone, junto a una centena de libros, una colección llamada Historia de la Literatura, aparecida hace más de veinte años. Esperó pacientemente que me diganara leerlo; al fin, tuvo su momento.

II.

           El tovarisch Liútov, algo así como un alférez del Primer Ejército de Caballería del Ejército Rojo al mando del célebre Semión Budionni, es el protagonista de esta serie de relatos que recogen la experiencia del propio Bábel durante la guerra contra Polonia –regiones de Galitzia y Volinia- en medio de la Guerra Civil rusa, entre 1919 y 1921.

III.

            Todo aquello que sonaba heroico y romántico al calor de las noticias que el poder bolchevique en ejercicio propalaba a la población mientras se desarrollaba el conflicto, da al traste con la realidad narrada por Bábel, donde la trastienda de ese maravilloso ejército semeja más a un rejunte de voluntades dispersas y eclécticas que a una perfecta organización castrense. Así, en esas fuerzas destinadas a hacerle frente a sus opositoras polacas, se cuentan soldados mal equipados que deben atravesar grandes distancias en medio de un relieve lodoso, haciendo vivac en aldeas derrengadas, sin mayor compañía que cosacos, quienes guardan más celo por sus caballos que por sus pares. Ni vale señalar el poco -o ningún- acatamiento de la tropa respecto de los procedimientos militares a seguir con los prisioneros, propuestos por los comités formados ad hoc para juzgarlos…

IV.

            Por otra parte, Bábel opone a esta milicia una sarta de personajes más propios de un vodevil o de una sátira que de una guerra, a los que hace desfilar a medida que los soldados se desplazan. Hebreos jasidistas, un pintor herético, mujiks de toda laya y la más absoluta brutalidad desplegada contra el clero y los judíos, son parte del fresco que el autor nos ofrece, en clara antítesis a la historia oficial.

V.

          Destaco la estructura del texto. Lo que inicialmente parecen relatos, muestran su conexión con la aparición de los mismos personajes en situaciones distintas a lo largo de la narración, con lo que se construye una novela en base a escenas superpuestas que mantienen cierta continuidad. Fluido, ameno, disparatado de a ratos, este interesante libro fluye rápido dejando un poso agridulce. La realidad, al parecer, se empecina en ser siempre un poco peor que lo que se imagina.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Atmósfera inestable. Carne viva, Vera Giaconi


Eterna Cadencia, 2011

I.

            Sus trabajos venían muy comentados en la blogosfera y esto azuzó mi curiosidad. Al parecer, Giaconi pertenece a una generación de escritores/as rioplatenses que han sabido encontrar un hueco literario poco explotado: el de la certidumbre del peligro que amenaza. En este colectivo, podemos encontrar asimismo los trabajos de Samanta Schweblin y Mariana Enriquez. Como es habitual en mi, comencé con su primer trabajo.

II.

            Este breve libro de relatos se compone de dos partes. La primera de ellas, contiene cuatro cuentos de distinta extensión, sin vínculos entre ellos. La segunda, ofrece otros tres en los que sus protagonistas son una pareja llamada Teo y Ema –aunque pueden leerse como variantes sin conexión-. En todos ellos se alude tácitamente al miedo, al no poder enfrentar con éxito una situación límite y repetir escenas del pasado, con consecuencias inmensurables. Como si la atmósfera inestable donde se desarrollan los hechos pudiera trasladarse al interior de sus personajes, reforzando así las inquietudes que anidan en ellos.

III.

            La aparición de la figura de la madre en medio de un test psicológico de una enferma; el sonido del ring tone del teléfono celular; una mujer que se declara estéril; hijas que no le hablan a su madre y otras tantas realidades posibles se reúnen en este volumen donde todo está por ocurrir y cambiar de un momento a otro. Lo interesante de la colección es que el género femenino es el que asume el protagonismo en cada relato; los varones solo son compañeros de ruta, necesarios para afirmar la trama pero sin mayores implicaciones.

IV.

              Con estilo directo, diálogos bien provocados, una minuciosa observación de los entornos familiares y cotidianos y una tensión narrativa que no decae al final, Giaconi construye ficciones que logran que la lectura resulte fluida y se lea con rapidez, no sin proponer una suerte de reflexión acerca de los propios miedos, aquellos que nos habitan y que intentamos apartar.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Humano, como la contradicción. Eugenio Oneguin, Alexander S. Pushkin


Cátedra, 2005

           No tenía nada de Pushkin. Ningún libro de poemas, novela o cualquier otro trabajo suyo. Ni siquiera la versión de Piotr I. Tchaikovski de su reconocida ópera homónima. Un ninguneo total. Sólo una versión más que modesta inspirada en otra de sus obras –Boris Godunov, de Mussorgsky-, adquirida antes de una puesta en el Teatro Colón de esta ciudad, hace casi veinte años. Siendo EL poeta nacional ruso por antonomasia, era hora que abordara algo de sus letras.

           Esta ya clásica obra es un alarde de talento del maestro ruso. ¡Hay que escribir toda una novela en regla, a lo largo de cientos de páginas, nada menos que en verso! Le llevó varios años concluirla, después de muchas idas y venidas por razones políticas –su destierro en Odesa, el regreso a Moscú, la censura zarista y el seguimiento policial-. El resultado es descomunal.

            La obra está estructurada en ocho partes. Eugenio Oneguin es un petimetre –señorito que se da aires- veinteañero, muy a la moda de principios de siglo XIX. Después de dilapidar fortuna en placeres y mujeres, harto de la frivolidad que le brindaba la sociedad se recluye en los dominios heredados de un tío. Allí, conoce a un nuevo propietario más joven que él, Vladímir Lensky, a quien cobija no solo como a un amigo sino como a un hijo putativo. El inocente y romántico Lensky se enamora de Olga Larina y, por su intermedio, Oneguin conoce a su hermana Tatiana. Ésta se enamora del protagonista a quien confiesa su amor en una carta, pero él, descreído y desilusionado de los amores mundanos, declina cualquier relación. Un baile ofrece la ocasión a Oneguin de acicatear el orgullo de su discípulo, seduciendo a Olga. El hecho conduce a un duelo con final previsible; esto determina su alejamiento. Muchos años después, se vuelven a encontrar Tatiana –ahora casada- y Oneguin ahora enamorado. Ella salda así el viejo desprecio con su desprecio.

            Hay una suerte de contradicción en toda la obra. Oneguin encarna al gentilhombre que reconoce la superficialidad de los salones de su tiempo… pero no puede dejar de ser parte de ella. Intenta ser sincero respecto de sí mismo alejando a los amores ingenuos, pero es proclive a ese tipo de amor. Alimenta una sana amistad, mas atenta contra ella llegado el caso. En este aspecto, el protagonista se debate entre una ociosidad abúlica y una acción intrascendente.

           Por otra parte, Pushkin hace alusiones continuas a críticos, amigos, detractores y figuras contemporáneas a las que guardaba respeto o denigraba. Y, por supuesto que en forma velada, señala el control que la Cheká ejercía sobre él… Por momentos, yuxtapone lo que ocurre a su personaje con su propia historia, con lo que desdibuja el límite entre ficción y realidad. Esta edición bilingüe se acompaña con un análisis de la obra, la biografía del autor y ciertos detalles a tomar en cuenta para el lector desprevenido. Fluida, amena, con plena intención de involucrar al lector en la historia resulta una novela original, enormemente humana, recomendable para corazones sensibles que se deleitan con un romance genuino.

lunes, 4 de septiembre de 2017

e-book 21. Intriga veneciana. Qui pro quo, Gesualdo Bufalino


Anagrama, 1992

I.
            He contado alguna vez que mi devoción por el género policial se agotó con Agatha Christie, de quien leí todos los títulos aparecidos en la Biblioteca Oro a lo largo de dos años, mientras me desempeñaba como pinche de mandados para un par de instituciones, con cuyos ingresos me costeaba mis estudios superiores. He vuelto a aquél de la mano de Bufalino quien, en este caso, rinde homenaje a la célebre creadora de Hércules Poirot, su detective estrella.

II.

             Estamos ante el caso de la muerte de Medardo Aquila, un director editorial al que el busto de Esquilo tallado en mármol, que pendía de una columna en un lugar veraniego de Venecia, se le desplomó encima, aplastando su cabeza. Acompañaban su descanso un grupo de familiares y amigos que se vuelven sospechosos al aparecer dos cartas del occiso que advierte de un posible asesinato.

Bufalino, por gentileza de Lectulandia

III.

          La persona encargada de la narración de los hechos es su secretaria, Esther Scamporrino, más conocida como Agatha Sotheby debido a su afición por los policiales. Y sus suposiciones, unidas a su pericia como lectora del género –y escritora amateur-, encaminarán las investigaciones del comisario de policía, no sin intercambiar algo por algo, como sugiere el título. La persistente presencia del muerto a través de los escritos y los posibles móviles de un crimen destacan sobremanera en un texto lineal, al mejor estilo de la autora inglesa.

IV.

        Con elementos propios del género –pistas falsas, conversaciones a medias, elucubraciones varias y toda una gama de artilugios-, Bufalino construye una ficción en donde todo parece ser de una manera y termina resultando de otra. Con estilo ameno, coloquial, escenas bien provocadas y un puñado de personajes un tanto estereotipados, la novela mantiene la tensión hasta el desenlace. Quizás no sea de lo mejor del maestro italiano, pero se disfruta como un buen policial.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Crónicas de trincheras. Relatos de Sevastópol, Lev N. Tolstói


Alba, 2013

I.

‘En Sevastópol no me convertí en un general de las armas, sino de las letras.’

          Ésta fue la frase, ubicada en la contratapa del libro –en una edición exquisita en cartoné-, que me decidió. No sabía que Tolstói había participado en la Guerra de Crimea como alférez de artillería y que sus impresiones fueran recogidas en un libro de crónicas, con tintes más periodísticos que novelescos. A sabiendas del reconocimiento de sus trabajos más renombrados, llamó mi atención éste, con que inicia su tarea de escritor –aunque antes había escrito tres novelas de carácter autobiográfico-.

II.

            Tolstói llegó a Sebastopol en noviembre de 1854 y partió tras la caída de la ciudad en septiembre de 1855. El libro compila de primera mano su experiencia durante el largo asedio de once meses que les fuera infligido a las tropas rusas por parte de la alianza anglofrancesa – otomana antes de la evacuación final.

III.

            El texto se compone de tres relatos. El primero, con fecha de abril de 1855, refiere a la situación de la ciudad de marras hacia diciembre de 1854. En él puede hallarse el primer contacto del relator con la guerra, los proyectiles, el cañoneo y, fundamentalmente, con la realidad de los heridos, sus mutilaciones, el barrial de las trincheras, rescatando sólo de ello el espíritu ruso de amor a la patria.

IV.

            El segundo, de fecha de junio de 1955, se ocupa de las relaciones entre la oficialidad rusa y los soldados. Tolstói deplora sobremanera la soberbia y altanería de los oficiales, que se consideran aristócratas, haciendo uso de sus títulos de nobleza –príncipes, barones, etc.- cuya pompa no va a la zaga de su cobardía, quienes detestan tener que ocupar un puesto en los bastiones en los que campea la muerte. Dividido en dieciséis capítulos breves, da cuenta de los recelos mutuos y de cómo, al avanzar la guerra, va cambiando el comportamiento de los mismos.

V.

            Por último, el tercer relato –de diciembre de 1855- captura la derrota hasta la evacuación de la ciudad, en agosto de ese año. Lo hace a través de veintisiete capítulos en los que se narran las peripecias de dos hermanos que ponen fin a sus vidas al servicio de la patria. La capitulación conlleva una sensación de fracaso oportunamente manifestada por Tolstói, quien exhibe su postura pacifista en contra de los horrores de la guerra. Un libro escrito al calor de los hechos, con una pluma ágil, amena y una observación minuciosa, que resulta buena propuesta para iniciarse en las letras del gran maestro ruso.

viernes, 25 de agosto de 2017

Incunables 6. Alegorías del Japón. Kwaidan, Lafcadio Hearn


Ediciones Librerías Fausto, 1977

I.

            Me encontró hurgando en la batea de un puesto de libros usados un lunes feriado, un par de años atrás. Llamó mi atención el buen estado de conservación que llevaba el ejemplar que en poco cumpliría cuarenta años de vida. Era una primera edición local de febrero de 1977. La casa editora –con su cadena de librerías- ya había desaparecido. Recordaba someramente de qué iba el contenido y lo llevé, no sin antes oír la voz del librero que me ponderaba sus virtudes.

II.

            Este volumen compila los relatos reunidos bajo del título de marras, en una edición de Boston de 1904, y otros aparecidos otra de New York, en 1949. Hearn nació en 1850 en un isla griega bajo el protectorado inglés y después de varias idas y vueltas se radicó a partir de 1889 en el Japón, donde concluyeron sus días en 1904. Perspicaz observador de su entorno, pudo absorber in situ el clima de fábulas y leyendas exóticas que constituían el bagaje cultural de la sociedad japonesa de ese tiempo.

III.

            Espíritus que se corporizan, venganzas misteriosas, hombres que se convierten en peces, duendes y espectros que anuncian catástrofes… elementos todos de los que se vale Hearn para crear una atmósfera mágica de ensueño, donde los protagonistas entremezclan sus vidas con seres de naturaleza onírica o legendaria. Habitualmente, estos relatos se ambientan en un Japón medieval o ancestral –se aluden ciertos períodos en el texto- que fortalecen el carácter mítico de la narración, sin caer en plena fantasía.

IV.

            Basado en relatos de tradición oral, con un estilo directo y ameno, Hearn construye un mundo de ficción en el que todo puede acontecer y donde sus personajes se ven sometidos al antojo de aparecidos o figuras del más allá, indefensos e incapaces de reaccionar. Es ese mundo alegórico, del que es imposible desprenderse y con el que deben aprender a convivir los hombres, el nervio conductor de esta breve colección de cuentos, por demás agradable.

domingo, 20 de agosto de 2017

Versión Original 19. El doctor Zhivago, Boris Pasternak


Anagrama, 1991

             No quería transitar mi Año Ruso sin rescatar la reseña de esta obra, que vio la luz hace algo más de seis años, porque retrata muy bien los cambios en la sociedad rusa tras la Revolución Bolchevique. Añado que, respecto del último párrafo en el que se alude a la realización cinematográfica de 1965, existe una nueva versión filmada para TV en 2002, con Keira Knightley en el protagónico, bajo la dirección de Giacomo Campiotti. La nota de color ha sido que, aunque existen multitud de ediciones, buscando afanosamente la portada de la que poseo en la Red, tomé nota que no sólo se encuentra ausente, sino que el libro mismo se halla descatalogado en Anagrama, por lo que tuve que editar una fotografía de mi volumen a fin de disponer de presentación (y convertir al ejemplar en un incunable).


            Después de leer a Mandelstam y Ajmátova, la curiosidad me llevó a buscar al autor, signado por estos mismos como un referente de la época, no sólo en lo que hace a la literatura rusa –rebelde y contestataria- durante el stalinismo, sino también como uno de los más solidarios respecto de sus pares a la hora de sobrevivir con dignidad –si es que aun se pudiera-dentro del régimen soviético bajo la Cortina de Hierro. La lectura recayó, entonces, en su obra más reconocida, celebrada por todo Occidente durante la Guerra Fría como símbolo de rechazo al comunismo, por lo que fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1958.

            La novela relata la biografía de Yuri Zhivago, desde la pérdida de su madre, acaecida en sus primeros años de vida, hasta su propia muerte y entierro. Podría decirse que consiste en una historia de amor dentro de las cambiantes situaciones políticas que se sucedieron desde el zarismo hasta la conducción de Stalin, siempre sin traspasar las fronteras. Porque si algo encarna el personaje principal es la esencia rusa, más allá de toda bandera; la vida social y solidaria, la naturaleza religiosa –cristiana- de ser y su visión del pueblo hambriento, la guerra y las revoluciones.

          Ambientada a partir de 1913, narra los años de formación de Zhivago como médico, dando paso a la constitución de una familia, donde su acendrada amistad con Tonya Gromeko se ve transformada en matrimonio; su desarrollo profesional en el frente durante la Primera Guerra Mundial y el descubrimiento de la pasión junto a Lara Antípova. Pero fundamentalmente, Zhivago es un poeta; reconocido en sus años mozos, sospechado de “tibio” después de la revolución bolchevique, su no afiliación al partido lo convierte en opositor, por lo que debe refugiarse dejando su entorno familiar y geográfico, amparándose en los escasos lugares que le van quedando a los perseguidos políticos y pasando toda clase de penurias, tanto afectivas como físicas y económicas.

       Lo magistral de la novela radica, en mi humilde entender, en dos características. Una, la construcción del relato principal, a partir de un sinnúmero de personajes inconexos en su inicio cuyos aconteceres se van entrelazando a medida que transcurre la historia, otorgándole mayor solidez a la narración cuanto ésta más se desenvuelve. Al principio, el lector se pierde en una serie de situaciones diferentes, con diversos protagonistas, de manera que el “Censo de personajes” con que se abre la presente edición resulta no solo acertado sino indispensable.

            La otra, es la sutileza de Pasternak de utilizar la trama principal –la historia de un amor prófugo, pero no por ello menos visceral- para mostrarnos todos los cambios que tienen lugar en la vieja Rusia zarista, cuando deviene la guerra contra Alemania y luego, ante el ascenso del socialismo bolchevique. Es esa pintura de alto contraste –que tanto semeja al impresionismo pictórico- entre las descripciones del deterioro de las condiciones de vida de las clases acomodadas, la falta de organización de la producción del nuevo gobierno y las persecuciones y purgas varias que tienen lugar, junto a la belleza de los paisajes naturales en los que se ven envueltos sus personajes lo que resalta ese amor puro, nacido al calor de los acontecimientos, sin quererlo y sin buscarlo. Además, el estilo poético y coloquial siempre presente en los diálogos como en la ilación es lo que convierte a un relato que podría tildarse de épico y costumbrista, en una gran obra literaria. Cierran sus páginas las poesías que Yuri Zhivago escribió en su exilio, poniendo de manifiesto el talento del Pasternak poeta, devenido narrador.

            Párrafo aparte merece la puesta en pantalla de Carlo Ponti, dirigida por David Lean en 1964. Sus casi tres horas de duración resultan amenas, sin golpes bajos ni sentimentalismos injustificados. Pero se trata de un guión adaptado en muchas de sus escenas, en las que se toman ciertas libertades que no figuran en el texto original –razón por la que el hijo de Pasternak nunca estuvo conforme con ella-, con lo que se pierde parte del carácter y la fuerza narrativa del escrito. Sí es de destacar la fotografía del film, su banda sonora –aun reconocible en nuestros días- tanto como los roles protagónicos de un joven Omar Shariff y una bella Julie Christie, quienes encarnan la historia de amor.

         Tanto la novela como la película, ambas se cuentan entre los clásicos de todos los tiempos.